Humildad

"Esparció a los soberbios de pensamiento, de su corazón, levantó a los humildes"

Todos los Doce Pasos del Programa de A.A. están basados en la humildad. Sin ella, no pueden realmente practicarse. El programa no sería otra cosa que la continuación de una vida de falsedad e hipocresía. Sin ella, la oración resultaría solamente una colección de palabras huecas e inefectivas.

La definición de Santa Teresa: "Humildad es la verdad".

Por tanto, la soberbia es una mentira; una opinión exagerada de uno mismo. Esa es la razón por la cual el alcohólico suele ser tan mentiroso: porque es excesivamente orgulloso.

La humildad no es la negación de las cualidades. Al ser la VERDAD, es la admisión tanto de cualidades como de defectos. Admitimos nuestras faltas y tratamos de remediarlas; admitimos nuestras aptitudes, las aceptamos como un don de Dios y hacemos uso de ellas.

Raíz de las Virtudes

  • Fe: Exige una mente abierta para aceptar la palabra de Dios.
  • Esperanza: El soberbio confía solo en sí mismo; el humilde confía en un Dios Omnipotente.
  • Caridad: El hombre humilde es paciente y tolerante, consciente de que "sólo por la gracia de Dios, no estoy yo así".
  • Obediencia: Al humilde se le facilita someterse a la autoridad porque sabe que Dios ha tomado la dirección de su vida.

Los Enemigos Nacidos de la Soberbia

La soberbia es la raíz de todas nuestras dificultades. Analicemos cómo se manifiesta:

Pedro vs Judas: Judas sintió dolor porque él estaba lastimado (soberbia); Pedro sintió dolor porque había lastimado a Cristo (humildad). Judas terminó en suicidio; Pedro se convirtió en santo.

1. Resentimiento: Es la soberbia herida. El lema del soberbio es: "Quiero lo que quiero cuando lo quiero".

2. Crítica: Destruimos a otros para sentirnos superiores. En el fondo de cada crítica destructiva está la vanidad.

3. Preocupación: Es un sentido exagerado de la propia responsabilidad. Olvidamos que el resultado de las cosas es asunto de Dios.

4. Falta de Arrepentimiento: El soberbio culpa a todos (familia, jefe, suerte) menos a sí mismo. Su lema es: "Por tu culpa".

La Recompensa de la Humildad

El ejemplo perfecto de humildad es Cristo: "Aprendan de mí, porque yo soy manso y humilde de corazón". El precio de la madurez es mirar hacia atrás y exclamar con sinceridad: "¡Dios mío, qué desastre he hecho de las cosas!". Ese reconocimiento no es desalentador si nos lleva a poner todo nuestro peso en manos de Dios.

"Abandónese humildemente a Dios... Admita sus errores ante Él y ante su prójimo... Opera, verdaderamente opera".
Tomado del libro "Más Allá de la Sobriedad" del Padre Pfau.